11 - Recorriendo la costa Dalmata

Publicado el 16 de abril de 2026, 17:13

Teníamos 4 semanas para recorrer el norte de la costa Dálmata, sin ninguna agenda, sin clientes, solo la libertad de descubrir lo que cada día tiene para ofrecernos. 

Por un lado se sirve una libertad enorme, la mente pasa a modo reflexión y entonces toca ordenar un poco las ideas y las expectativas diarias, porque estoy tan acostumbrado a tener que lograr cosas con el tiempo disponible que cuando no hay nada que lograr aparece cierto vacío y un sentimiento de disconformidad con uno mismo, que hay que trabajarlo...

Arrancamos de Starigrad para el puertito de Primosten donde hicimos noche al ancla, seguimos al día siguiente para Sibenik, una de las ciudades croatas, que son patrimonio de la UNESCO. 

Sibenik está ubicada dentro de una ría, donde a los veriles se pueden ver todavía las construcciones de la segunda guerra, túneles excavados en roca para submarinos, hangares, cuarteles, muy interesante. Salimos de la ría a un canal bastante amplio y encontramos un lindo lugar para fondear bien protegidos, a 1 milla de la ciudad vieja. 

Como venía mal tiempo, decidimos quedarnos 2 noches en el lugar y recorrer 

bien la ciudad que nos encantó, era como meterse a caminar en la historia del 1200.

Pasó el chubasco a la noche y amaneció un día perfecto, partimos remontando el río Krka hacia el puerto de Skradin. 

En el trayecto pasamos por debajo de 2 puentes de autopista, en los veriles los pescadores vendían ostras y mejillones y para coronar el viaje, nos aparecieron delfines saltando enfrente del barco!! La llegada a Skradin estuvo tranquila y como veníamos con suerte, al llegar los de la marina privada nos querían cobrar 166€ por la noche, sin embargo dimos un par de vueltas y se nos acercó un bote con el marinero del puerto público qué nos ofreció un lugar por 90€ con agua y luz, que aceptamos sin dudarlo. Amarramos directo en la vereda de la plaza del pueblo y enseguida salimos a dar una vuelta para averiguar como se iba al parque nacional de Krka, uno de los más famosos de Croacia, con cascadas, bosques, lagos. 

Almorzamos street food croata y a la tarde nos tomamos un barquito qué remontaba el río hasta la entrada del parque y apenas bajamos nos recibió una vista mágica de cascadas que bajaban por la ladera de una montaña hasta el río. Recorrimos el parque por senderos que iban sobre el agua, lindísimo. Fué un día de contacto con la naturaleza distinto, a diferencia del mar, acá todo era vegetación, agua dulce, energía de vida desbordante por todos lados. Todo era color verde a diferencia del azul del mar. Así que disfrutamos a pleno la tarde y volvimos al barco para despedir el día. Nos tomamos un aperitivo en cubierta, que era como estar en medio del pueblo!!

Muy recomendable la parada 

en Skradin!! Remontar el río con el Montoi entre a acantilados, pasar por debajo de los puentes, el parque nacional, el pueblito medieval, toda una experiencia distinta a lo habitual!!

Al día siguiente dejamos el río atrás, volvimos al mar y encaramos para la islita de Prvic. Nos encontramos con un puerto bien protegido con algunas boyas dentro de la bahía, que tuvimos la suerte de agarrar la última disponible, lo cual fué una tranquilidad porque había pronóstico de viento para la noche y el día siguiente. Decidimos quedarnos dos días en el puertito y aprovechamos para recorrer la isla caminando, terminamos cada tarde tomando algo en un barcito que como la bahía era tan chiquita, quedaba a 30 metros del barco, hasta llegaba nuestro wifi a la mesa. Compartimos un poco de lo que era la vida habitual del lugar, lo que nos fué llevando a bajar el ritmo y a convertirnos en observadores silenciosos de la vibración del lugar y disfrutar de esa paz. Nos despedimos al día siguiente y seguimos viaje en este descubrir diario, navegamos unas 10 millas y tiramos el ancla a la protección de una islita enfrente al puerto de Tribunj, afuera levantó el viento térmico y ya soplaban 20 knts con lo cual se levantó ola que le pegaba directo al puerto, con lo que nos felicitamos por la elección del lugar donde habíamos fondeado, ya que el Montoi descansaba con muy poco movimiento. Bajamos a tierra, subimos a una iglesia que estaba en la cima de una montañita donde pudimos apreciar la vista de lo que es esta zona de mar salpicado de cientos de islas de todos los tamaños con bahías escondidas y pueblitos para descubrir.  Para terminar el día disfrutamos de un atardecer de colores increíbles, lo que nos hace reconocer que no se puede estar más agradecido con lo que nos regala esta vida. 

 

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